Ir de cara

-Me despistas.
-¿Y eso?
-Me cuesta leerte.
-¿Por qué querrías leerme?
-Para saber lo que piensas…
-¿Sobre qué?
-Sobre las cosas…
-¿Y si me preguntas?
-No quiero asustarte…
-¿Crees que me asusto con facilidad?
-No lo sé.
-¿Entonces?
-Puede que no sea el momento para hablar de estas cosas.
-¿De “estas cosas”?
-¿No has visto el sutil guiño de mi ojo?
-No, perdona, estaba mirando cómo te mordías el labio inferior.
-¿Lo he hecho?
-Si.
-No ha sido consciente.
-Mejor.
-¿Por qué?
-Eso quiere decir que no puedes controlarlo todo.
-¿Crees que quiero controlarlo todo?
-Sí.
-¿Dirías que eso es malo?
-Si eso no te permite disfrutar de las cosas que no puedes racionalizar, sí.
-Disfruto de ti.
-Entonces no es tan malo.
-Me encanta cuando sonríes.
-¿Vas a preguntarme eso que te tiene despistado?
-Se me ha olvidado. Haces que se me olvide cubrirme la espalda.
-Lo mejor de ir de cara es que no nos hace falta cubrirnos las espaldas.
-¿Lo dices convencida?
-Lo digo tranquila.

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