La temperatura del agua

En los detalles reside la esencia, la pureza, el yo profundo. El verdadero detalle es el que ocurre sin pensar, el que nos muestra al exterior tal y como somos, el que nos define en nuestras relaciones, el que nos libera. Y es en los detalles de los demás donde buscamos la conexión, la pista que nos conduzca hasta el siguiente paso. Detalles que facilitan el camino o simplemente señalan la oportunidad. Detalles surgidos de la imaginación y la naturalidad. Notas bajo la puerta con mensajes de buenos días, calor estratégico sobre pies helados, cuidados involuntarios que no suponen un esfuerzo, ni un sacrificio, son actos reflejos. Y en ellos quizá encontremos la respuesta a la eterna pregunta ¿esto saldrá bien? O simplemente actúen como  ahuyentadores de lo malo, portadores de buenas sensaciones. Y explota la sonrisa cuando descubres la coincidencia de pensar a la vez lo mismo, de regular el agua de la ducha a temperatura muy alta, de atrapar con la mente los mismos cometas. Hechos que, a simple vista parecen absurdos, pero son chispas que encienden la llama que quema la mecha que activa el bombeo acelerado de sangre y altera las partículas del cosquilleo interno. Destellos de inmensa felicidad en pequeños gestos que nunca deberían pasar desapercibidos porque son, seguramente, lo mejor de esta única e irrepetible vida.

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