Relatos_Efímeros: Tranquilidad.

Siente la marea rondando su centro de gravedad y el vértigo le impide abrir los ojos. Busca un punto fijo, una columna a la que amarrar su fragilidad a la deriva. Piensa en el tiempo que hace que no se siente a salvo. Es más, ya ni recuerda cuándo fue la última vez que no se preocupó por absolutamente nada. Esta perpetuidad del mal le desconecta del mundo. La última vez que paseó por su zona de confort, ni siquiera tuvo que pensar dónde estaba, ni qué significado tenía esa tranquilidad.  Una tranquilidad que ahora añora y entonces le aburría.

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